Las Hierbas del Éboro: Capítulo 2

viernes, 18 de junio de 2010


Capitulo 2: Un Sueño Profundo

Volví a sentir como caía desde aquella altura y golpeaba fuertemente en la superficie del agua produciéndome un escozor que seguramente me duraría unas cuantas horas y empezaba a nadar a braza para coger aire antes de sumergirme para que no me vieran. Buceaba hondo, pero lo suficiente para no alejarme mucho de la superficie y pasar desapercibido, ya que el sol comenzaba a enviar sus primeros rayos y a ir iluminando un nuevo día. Iba administrando el oxígeno al máximo para evitar salir al exterior para tomar aire y entonces me acorde de lo bien que hice de chico aguantando con mis amigos la respiración cada vez que íbamos a aquel gran lago cerca de Llaqueno, el pueblo de mi tío. Siempre jugábamos a alcanzarnos unos a otros y hacíamos carreras que llegaban a atravesar el lago de una punta a otra, llegamos a adquirir una resistencia sorprendente tanto en la superficie como debajo del agua, nos hicimos llamar “Los Pirañas”.

Noté como el pecho se me contraía de la falta de oxígeno y necesitaba ya volver a respirar, pero pude distinguir en el agua una sombra clara muy difuminada, que poco a poco iba tomando forma, una forma que me heló la sangre… podía ver a mi madre con un vestido blanco, pelo canoso y aspecto cadavérico que extendía su mano huesuda hacia mí intentando atraparme, reaccioné y tragué agua, intenté llegar a la superficie, pero estaba muy lejos, volví a tragar agua, continuaba luchando por librarme de las garras del océano y empecé a ponerme morado, el agobio inundaba mi cuerpo y notaba esa sensación de perdición, de que todo se acaba, que me ahogaba, que me moría.

Pero desperté, escupí agua mientras tosía y me percaté que seguía en aquella playa de grano grueso, con el agua muy cerca de mí, acechándome con sus olas. Había subido la marea y una ola me habría provocado aquella pesadilla. Me incorpore poco a poco y rápidamente eché mano de mi pequeña botella, menos mal, seguía ahí, busqué mi pañuelo amarillento y lo escurrí con un suspiro de alivio, ya me sentía mas tranquilo excepto por varias piedras que se me habían metido en las botas y me estaban poniendo muy nervioso.

Con medio cuerpo seco y medio empapado, con el cuello algo achicharrado, con las botas libres de intrusas y sin ningún tipo de mal estar, me sentí con ganas de continuar mi viaje, así que empecé a situarme y pude distinguir lo que parecía unas construcciones al fondo, detrás de los arboles, me dirigí hacia allí siguiendo el camino que se empezaba a formar a partir de la playa y se adentraba en la arboleda, hasta que me topé con un cartel que anunciaba: “Bienvenidos a Sitges”.

Las Hierbas del Éboro: Capítulo 1

lunes, 7 de junio de 2010


Capítulo 1: Agua, sol y arena

Llevaba tanto tiempo corriendo sin parar por esa playa que había olvidado ya por qué y de qué huía. Mi cuerpo no respondía, un sudor pesado y un calor sofocante me invadía afectando hasta el cerebro, pesaba el triple debido a que tenia la ropa empapada y cada vez que levantaba el pie parecía que se paraba el tiempo, volviéndose interminable hasta que mi pie retornaba a esa arena de grano grueso, pero no podía dejar de correr, mis botas parecían desplazarse solas, sin que yo les diera la orden de moverse. La verdad que he perdido el control sobre todo, no solo de mi cuerpo, sino de mis posesiones, de la gente que me rodea, de mi vida en general. ¡Con lo que yo era!, que daba ordenes y todo el mundo las obedecía sin rechistar, que tenia gente que era capaz de seguirme hasta la muerte, hasta que me di cuenta que esa muerte era la mía, solo deseaban estar en mi puesto, conseguir mi poder. Mírate ahora, no soy nada, lo he perdido todo en menos de una semana, ¿Cómo es posible?, pero sigo teniendo en mente ese destino, ese objetivo del que tanto me hablaba mi padre y lo pienso cumplir a toda costa, cueste lo que me cueste, total, ya lo he perdido todo por perseguirlo… no pienso parar y eso es lo que me mantiene en pie, y lo mas importante, vivo.


Cuando me di cuenta había tropezado con algo y estaba volando por los aires hasta que di de bruces en el suelo y ahí me quedé, incrustado en la arena, no tenia fuerzas ni para pensar en lo que me había pasado, el sol picaba como nunca y los parpados cada vez pesaban más, el cansancio invadía cada rincón de mi cuerpo hasta que el sonido de las olas me hicieron sumergir en un profundo sueño.

Bienvenidos al blog

Bienvenidos al blog, espero que sea de vuestro agrado.
No pretendo llegar a ningún fin con este blog, sin ánimo de lucro, no pretendo darme a conocer ni a mi ni a mi historia, simplemente escribir de vez en cuando sobre lo que este inspirado o me ronde la cabeza y compartir tesis y opiniones con otras personas.
Iré publicando poco a poco un relato llamado "Las Hierbas del Éboro", el cual empezé a escribir hace escasas horas gracias a un cóctel de inspiracion provocado por un buen amigo y una buena música.